Publicado en Fábula

Año nuevo, vida constante

Jon ya tiene 20 años y recibe la nueva década como la empezó. No es de los que piensa que el 2020 ha sido un año catastrófico, porque realmente otros años lo han sido para mucha gente que a él le tocaba muy de lejos, pero les sentía cerca; inundaciones, incendios, guerras, masacres, cambio climático, etc… son sucesos que pasan año tras año y no condenamos el año correspondiente por ello. El 2020 ha sido un año malo para gente que estaba más cerca, las desgracias si se viven y se sienten afectan más, claro, pero Jon no se ha olvidado de todo lo demás.

Por eso, Jon no espera nada nuevo del 2021, porque, aunque hayamos cambiado un poco nuestro comportamiento con la tierra, cree que será pasajero y los mismos vicios de siempre volverán. Y volverán porque nos olvidaremos de la desgracia que nos ha rodeado, pensaremos que ya estamos a salvo y que hemos vencido esta batalla de la vida, pero Jon piensa que vendrán muchas otras, ya sean ajenas o propias.

Muchos se maravillan de cómo la naturaleza se ha abierto paso ante nuestra ausencia. La vegetación se adueñó de las calles, de los parques, de los centros comerciales, incluso de algunas casas solitarias. Los animales estupefactos llegaron a lugares que para su generación eran desconocidos, porque ya no estábamos, nos ocultamos en casa por miedo y precaución, contaminamos menos, charlamos más y echamos de menos a otras personas.

Dicen que el mundo ha cambiado, que las personas somos más conscientes del daño que hacemos al planeta. Jon sí cree que hay un cambio, pero no cree que dure, sabe que el ser humano mira siempre por sí mismo, sin pensar en las consecuencias, es muy difícil que todos rememos para el mismo lado, y eso a la larga se nota. Echar la vista atrás es necesario para aprender de nuestros errores, pero si echas un vistazo a la historia, vislumbras que los errores se repiten cíclicamente.

No todo es negativo para él, ahora sabemos que nos necesitamos, descubrir la ausencia de los amigos, la familia, incluso el trabajo, nos ha hecho valorar cosas que dábamos por sentado. Jon solo espera que el recelo que ve en los ojos de la gente por la calle, no se convierta en distanciamiento perpetuo. Ya ha habido suficiente distanciamiento en 2020. Para las batallas futuras tenemos que estar juntos, hablarnos, escucharnos y sentirnos porque solos es todo mucho más complicado. Que la mirada de un niño nos ilumine para encontrar esa chispa que necesitamos.

Entrada patrocinada por Compañíaespreso, un café de cine para la oficina.

Año nuevo, vida constante by Daniel Rodríguez Lorenzo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License. Creado a partir de la obra en www.marionetaspensadoras.wordpress.com.

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Olas de normalidad

Iván se levanta cada mañana con la certeza de la duda; cómo luchar contra el miedo de salir a la calle, la crítica gratuita a cómo llevas la mascarilla o si caminas lo suficientemente alejado de otro transeúnte. Son tiempos extraños en los que el miedo crea desconfianza y recelo -en ocasiones puedes ver a un ser humano dando un respingo al ver a otro ser humano por la calle, y alejarse como si su vida corriese peligro-, las personas se miran con incertidumbre, escudadas en una mascarilla que esconde sus expresiones.

El otro día, mientras pagaba en el supermercado, y daba las gracias a la cajera -ahora se sentía más agradecido que nunca al trabajo de las personas que sustentan la vida de los demás-, se dio cuenta que su sonrisa no había sido captada por la trabajadora. Es una pena haber perdido el contacto con las personas, incluso con los gestos, pero aún nos quedan las palabras, por eso Iván no perdía la oportunidad de ser amable, dar las gracias y pedir todo por favor. Ahora que es padre, quiere inculcar en sus retoños una forma respetuosa de vivir.

Sentado en el jardín, con un libro, música y el paisaje, del lugar que le había atrapado, esperaba a Julia, Paula y Jon de su paseo vespertino, lleno de colores naranjas, verdes oscuros, amarillos y rojos. Iván no quiso salir, estaba algo decaído, siempre le pasaba ese preciso día y no entendía cómo no conseguía controlarlo. Su padre había fallecido doce años atrás, pero el día de su muerte siempre se sentía un poco vacío. Su madre siempre le visitaba, sabía que esa fecha en el calendario era difícil para los dos y se distraían juntos con un café, charla y lectura. Esta vez, su madre le había llamado, la situación no era la más idónea para que ella saliese de casa y se juntase con los nietos, más valía prevenir.

Iván miró la portada del libro, 1984, de George Orwell, la edición que su padre le regaló a su madre. Antes del confinamiento su madre se lo dejó y aún lo tenía. Se lo había leído un par de veces, quería inspirarse para escribir alguna historia en el blog del periódico. Ahora trabajaba en un periódico nacional y la presión de la entrega era mayor que cuando trabajaba con Julia en el periódico del pueblo. Durante el confinamiento había escrito mucho y le pareció buena idea volver la vista a esta obra donde el control de la población es total, y así hacer una comparación con la situación mundial en la primavera de ese año. Lo hizo para que los lectores pudiesen ver que el confinamiento era por nuestro bien y que los límites a nuestra libertad no tenían nada que ver con el mundo de 1984, eso sí que es coartar la libertad.

Con todo lo que ha pasado, Iván espera que las personas se den cuenta que su libertad acaba cuando comienza la de otro, y si esa libertad tiene medida por ahora, pues habrá que respetarla, o ponerse mascarilla y así no asustarse cuando una persona dobla la esquina y se topa con otra. Si fuésemos responsables, aunque cometiésemos errores, todo iría mucho mejor, y así el estado no tendría que poner restricciones de las que nos quejaríamos. Aprendamos del pasado, un pasado que no sea de nadie y sí de todos, para que no pase como en 1984:

Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado.

George Orwell, 1984

Entrada patrocinada por Compañíaespreso, un café de cine para la oficina.

  Olas de nomalidad by Daniel Rodríguez Lorenzo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License. Creado a partir de la obra en www.marionetaspensadoras.wordpress.com.