Publicado en Fábula

Magnetismo otoñal

El sol golpeaba horizontalmente el cuerpo de Jon, pero no calentaba lo suficiente. Esa tarde fría, repleta de hojas cayendo sin prisa por llegar al suelo, Jon caminaba hacia su trabajo con el mismo ritmo y las mismas ganas que aquellas. Un viento gélido le recordó su abrigo gris abierto, lo abrochó mientras acurrucaba sus hombros con un movimiento rápido para guarecer sus manos en los bolsillos. Se hizo más pequeño, pero sintió calor y aceleró el paso. Jon disfrutaba mucho aquellas tardes de otoño, con el sol bajo proyectando sombras alargadas, finas y elásticas que creaban una atmósfera cetrina e irreal. María se había ido la semana anterior, pero no se sentía triste, aprovecharía los días de frío para estar en casa y pensar en su futuro. Una manta, un libro o una película serían sus compañeras los fines de semana, la soledad era un estado en el que se sentía raramente cómodo. Decidió ir por el camino largo y así pasaría por el parque, unos minutos de retraso no serían causa de despido.

Lidia paseaba algo cansada por el parque, miraba al infinito, las personas con las que se cruzaba eran formas borrosas que se difuminaban al pasar junto a ella. Esa estación del año no le gustaba, la caída de las hojas le recordaba que todo perece en algún momento, hasta lo más bello, y eso le sumía en una tristeza constante hasta la primavera y el resurgir vital de la naturaleza. Ese era el momento que más le gustaba del año, salir, charlar con amigos hasta que el sol caía, disfrutar de sus colores y olores, estar enamorada, reír… Hacía mucho que no reía lo suficiente, llevaba meses buscando trabajo. La agencia de publicidad en la que había crecido como persona y diseñadora había prescindido de sus servicios, «la pandemia nos ha destrozado», «hemos perdido clientes» y su favorita «no eres tú, es el mercado». Lidia pensaba que sí era ella, puesto que otros se habían quedado y sentía que su creatividad y trabajo no habían sido suficientes. Ante ella se abría un abismo de incertidumbre que se unía al otro abismo a modo de ruptura con Luis. Al igual que entonces, las dudas y el miedo se mezclaban en su mente, no podía estar sin trabajo y la soledad no era su mejor compañera. Absorta en sus pensamientos, alguien tiró de su brazo poderosamente y sintió el viento desplazado por un ciclista a toda prisa. Enfocó la escena, un chico, con un elegante abrigo gris, le miraba con una expresión extraña, mezcla de susto y curiosidad. Había impedido su atropello en pleno parque y se sintió agradecida.

Se miraron unos segundos en silencio, una atracción mutua flotaba entre ellos. Lidia no sabía si ese sentimiento era por el shock del momento o por su bonita sonrisa. Jon no podía dejar de mirar esos enigmáticos ojos azules. Él supo en ese instante que no quería estar solo, ella pensó que estar sola no había sido tan grave, quizás el otoño traiga también algo bueno. Un imán invisible fundió sus pensamientos opuestos y sus planes mutaron hacia lo desconocido. El otoño sería testigo del comienzo de una historia.

Magnetismo otoñal by Daniel Rodríguez Lorenzo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License. Creado a partir de la obra en www.marionetaspensadoras.wordpress.com.

Autor:

Hablar sobre uno mismo siempre es complicado, la visión que uno tiene es subjetiva y para nada parecida a cómo te ven los demás. Puedo decir que me gusta el cine, la música y los libros. Eso rodea la vida que comparto con familia y amigos. No puedo añadir nada, el resto que lo digan los demás.

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