Publicado en Fábula

Resplandor

Jon llevaba una hora delante de la pantalla blanca. No conseguía centrarse en la escritura, la página en blanco se había convertido en su Everest personal. Siempre que se ponía a escribir, las palabras desordenadas bailaban por su mente y poco a poco se iban acompasando, formando ideas que comenzaban a bailar al mismo tempo y con la misma canción. A veces era un vals, otras veces folk, las más de las veces rock, pero ese día no conseguía que la música sonase cohesionada en su cabeza.

Jon ya había escrito varias novelas y sabía que el bloqueo del escritor siempre estaba latente. Solo esperaba que no le ocurriese como a Jack Torrance y le poseyese un alma maligna para liarse a martillazos con la gente. Por suerte, la casa estaba vacía, nadie corría peligro, hacía 4 años que se había divorciado y el único lazo que le unía a alguien era su hija.

Se levantó para no pensar en ella, le dolía no estar a su lado cada día, pero, paradójicamente, estar a su lado a cada momento había destrozado la relación con su madre. Puso una canción que siempre le inspiraba, I am the moon, de The white Buffalo, y se sentó mientras comenzaba el arpegio después de un órgano melancólico y distante. Se imaginó en el espacio, como si él fuera la luna persiguiendo al sol, un amor imposible que la luz separa y acaba sin final feliz. Comenzó a escribir una historia de amor… «no, eso ahora no va a funcionar, y menos con esta canción». Borró el párrafo que había escrito y comenzó de nuevo, seguía siendo la luna, pero sabía que nunca iba a conseguir alcanzar al sol «así mejor, es como me siento ahora», con el desamor estaba más a gusto, recordó el bulevar del desamor que aparecía en un libro de cuyo nombre no lograba acordarse. Las palabras comenzaron a bailar al son de la música, formaron ideas y los dedos de Jon no pararon. Tecleó durante horas y horas hasta que la mañana llegó tan pronto que hasta le dolió.

El sol iluminó su mirada a través de la ventana que se encontraba frente al escritorio. Quizás, por un momento, la luna y el sol sí estuvieron juntos.

Entrada patrocinada por Compañíaespreso, un café de cine para la oficina.

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