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Grita pero bonito

Siempre se ha dicho que todo depende de según cómo se mire… todo depende. Hoy nada depende de nada, hoy quiero gritar porque se ha ido una persona que solo transmitía optimismo -y eso en estos días se necesita más que nunca-, alegría y buen rollo. Todos, o la mayoría de nosotros, le conocimos como artista con la historia de una flaca mulata habanera que no regalaba sus besos, esta podría ser la canción favorita de muchos, yo me quedo con Grita, un canto a la amistad y a la empatía. Por esta canción me ganó, la aprendí, la canté y la grité. Gracias a esa canción, supe que un amigo de verdad te escucha y comparte tus penas al igual que tus alegrías.

Muchos dirán que tus canciones son simples, no voy a discutir sobre ello, porque siempre he pensado que en la simplicidad también hay belleza. Incluso cuando hablaste de un amor no correspondido, había belleza. Con Agua aprendimos a no enfadarnos aunque no nos quieran, a fluir como el agua y, aunque haya sed, que el agua corra, poner distancia y cantar Bonito celebrando volver a nacer cada día.

Este es mi humilde pequeño homenaje a un artista que me dio mucho, un artista con el que me hubiese gustado charlar, que se ha ido con una sonrisa y enseñándonos lo maravillosa que es la vida. Cuando escuché sobre su enfermedad quedé estupefacto, al escuchar cómo lo explicaba, me invadió una tranquilidad que no esperaba, vi su entereza y supe que había vivido como había cantado, con alegría.

Hoy te hice caso, desde ayer escucho tu voz diciéndome: suéltate ya y cuéntame, que aquí estamos para eso, pa’ lo bueno y pa’ lo malo, llora ahora y ríe luego. Así que me he puesto a escribir para gritar que la vida es dura, pero personas como tú hacen que sea bonita. Dejo, con mucho dolor, su último canto a la vida, Eso que tú me das, dedicado a su hija. Voy a comenzar a reír.

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Grita pero bonito by Daniel Rodríguez Lorenzo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License. Creado a partir de la obra en www.marionetaspensadoras.wordpress.com.

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Pequeñas historias de desescalada sin importancia I

Daniel siempre ha sido un auténtico ignorante en cuestiones de Jazz. Miles Davis, John Coltrane, Charlie Parker… eran nombres ensalzados por los entendidos y, por ende, admirados por los desconocedores de la materia. Daniel no era diferente, ponía discos de Jazz pero no era capaz de entender los matices, las melodías, los contratiempos… solo era capaz de disfrutar de la atmósfera que generaba en su pequeño salón.

La improvisación nunca ha sido su fuerte, por eso le daba miedo el Jazz; la sensación perpetua de equivocarse al tocar, el miedo a bloquearse y no seguir la armonía y, en definitiva, el pavor a saber que no sería capaz de tocar Jazz. Por eso abrazó el Rock, y en él estaba a gusto, se movía con la libertad del que se sabe seguro. Miles Davis diría que es un mediocre, y, si él lo decía de los rockeros de los años 70, por algo sería. El Jazz es la meta de cualquier músico, para Miles Davis fue su comienzo. Desde el Jazz fue evolucionando y combinando sonidos, estilos y melodías. Esto le hizo aún más especial, o eso decían los verdaderos entendidos.

Daniel ya podía salir a tomar algo a una terraza, encontrarse con los amigos, o eso creía, porque con las mascarillas casi no los reconocía, pero algo le impulsó a quedarse en casa, no estaba preparado. Llevaba dos meses sin salir, con el único acompañamiento de Miles Davis y sus discos más importantes, como Kind of blue, que le acompañaba en el desayuno, o Miles Ahead, que le acompañaba en la comida -este disco tuvo su polémica, en la portada aparecía una mujer blanca, en un barco, disfrutando de la brisa marina. A Miles no le gustó, así que cambiaron la portada con una foto de Miles y su trompeta-, y terminaba cenando con la banda sonora de la película francesa Ascensor al cadalso, donde la trompeta pausada de Davis acompañaba la tristeza de su protagonista, Jeanne Moreau. Todo fue improvisado mientras el genio del Jazz veía la película. Estas historias son las que realmente intimidaban a Daniel con respecto al Jazz.

De algún modo, Daniel no conseguía entender que la vida, al igual que el Jazz, es improvisación y, como tal, tienes derecho a equivocarte, solo tienes que volver a unirte con el contratiempo y acentuar las partes débiles del compás… o eso dicen.

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