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Pequeñas historias de cuarentena sin importancia

Estefanía se ha levantado temprano un domingo. Su vida se ha vuelto más rutinaria desde que se confinó en su pequeño estudio del centro de Madrid. Ha decidido que saldrá a correr ahora que lo permiten, necesita salir y el no haber hecho deporte en años no es impedimento. Nadie le puede culpar.

Coge sus deportivas, las desempolva, las ata y comienza a bajar las escaleras de su edificio. Ya en la calle, estira sus músculos aletargados, todavía algo dormidos preguntándose qué pasará, que misterios habrá, todavía es de noche. Cuando sus zapatillas oxidadas golpean el asfalto, un sonido con eco llena las calles en calma. Todavía no ha salido el sol mientras Estefanía se siente atraída por la ciudad vacía, esta le invita a perderse por sus engranajes oxidados. Al doblar una esquina, ve a un matrimonio de ancianos observando su carrera, el marido abraza a su esposa y los dos miran con anhelo su carrera. Su mirada transmite miedo a lo desconocido, salir es un deseo peligroso para ellos.

Todo parece nuevo, una visión de calles desiertas que nunca ha vivido. Antes de esta situación, se encontraría con algún alma festiva volviendo a su casa tambaleante, quizás descargando sus penas y fracasos sobre la acera. Echó en falta a Lolo, un hombre sin hogar que siempre dormía en la puerta de una caja de ahorros abandonada desde 2009.

Su cuerpo comienza a protestar, no entiende por qué se le está castigando tanto después de semanas de encierro y Netflix, después de semanas recorriendo un triángulo vital de confinamiento: sofá, cocina y baño, con visitas esporádicas a la cama que a veces estaba demasiado solitaria.

Algunos dirán, claro, ahora todos salen a hacer deporte, y no les falta razón, lo que les falta es empatía, solidaridad y comprensión. En esta vida nunca se acierta para todos, lo importante es acertar para uno mismo respetando a los demás. Si quieres correr, corre, si quieres caminar, camina, si quieres montar en bicicleta, patinete o monociclo, hazlo, pero siempre con un metro y medio de respeto y, por qué no, alegría, que hace falta.

Autor:

Hablar sobre uno mismo siempre es complicado, la visión que uno tiene es subjetiva y para nada parecida a cómo te ven los demás. Puedo decir que me gusta el cine, la música y los libros. Eso rodea la vida que comparto con familia y amigos. No puedo añadir nada, el resto que lo digan los demás.

3 comentarios sobre “Pequeñas historias de cuarentena sin importancia

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