Publicado en Fábula

Sueño de neón

Oí una respiración, ¿Qué hora sería? No estaba seguro, me encontraba en ese instante donde se confunde la realidad con los sueños, ese preciso momento en el que un “beatle” imaginó la melodía de “Yesterday”. Todavía no veía con claridad, la persiana estaba casi cerrada, pero podía distinguir una silueta junto a mí, era ella, seguía durmiendo, la abracé y sentí su calidez, su respiración, oí su voz llamándome con un leve susurro.

Iván

Su corazón latía a un ritmo pausado pero firme, Bom… Bom… Bom… me dejé llevar por su sonido, al cabo de unos segundos el sonido fue cambiando, se hacía más metálico, con eco. Pasó solo un instante hasta que la realidad invadió toda la estancia, el sonido desveló su origen, las gotas cayendo en el fregadero y lo que abrazaba no era su cuerpo. Estaba solo con mis sueños, la almohada y la luz del cartel luminoso que dejaba entrar la persiana.

Es curioso lo que pueden llegar a transmitir las luces de neón, para los demás pueden ser un reclamo, una publicidad subliminal que atrae, cual mosquito, al ingenuo cliente. El efecto en mí era el contrario, siempre me ha parecido decadente, me recordaba al Nueva York de los años 70´, la calle 42 iluminada por neones mostraba, con un simple paseo, el lado salvaje de la ciudad -¿verdad sr. Lou?-. También me viene a la mente una novela de John Kenedy Toole, La biblia de neón, muestra una sociedad americana en decadencia, con prejuicios raciales, culturales y sexuales.

Todavía no había amanecido, ya no podía dormir, ese cruel sueño me había dejado peor de lo que me encontraba. Decidí salir de la ciudad, escapar de esos dioses de neón y disfrutar del sonido del silencio. Conduje sin rumbo hasta que un recuerdo de la infancia hizo que me encaminase a un lago donde mi padre me llevaba cuando era pequeño.

Pero eso es otra historia.

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