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Lluvia (continuación)

 
 Esa cafetería tenía ese olor característico, mezcla de fritanga y chocolate pero aderezado con un toque de alcohol, puesto que eran las 7 de la mañana del Domingo y la cafetería estaba a rebosar de gente que no era madrugadora precisamente. Aunque sí parecían algo enfermos. Debía ser la fiebre del sábado noche.

Puede sonar a tópico pero, allí sentado, entre tanta gente, me sentía terriblemente solo. De todas formas esa sensación no duró mucho porque los de la mesa de al lado hicieron que me sintiese como parte de su conversación, puesto que hablaban para que todo el bar les escuchase. Sin lugar a dudas lo estaban consiguiendo. Posiblemente era el efecto causado por haber pasado toda la noche escuchando música a un volumen brutal – como el disco de Barón Rojo -. Aunque no fuera muy apropiado, no tuve más remedio que escuchar lo que decían. Así estaría entretenido durante un rato y no dejaría volar mis pensamientos hasta sitios insospechados.

Se notaba que estaban algo bebidos -es un eufemismo,  estaban borrachos como cubas- o por lo menos eso quería pensar. Eran dos chicos y una chica. Ella estaba hablando sobre la frustración que sentía porque los hombres no le apreciaban por su interior. Para dar peso a sus argumentos se dedicaba a enseñar su cuerpo a los dos chicos, y a cualquier persona del bar que la mirase, con la excusa de enseñar algún tatuaje.  Conmigo había conseguido lo que quería, que la apreciase por su interior. Aprecié las palabras vacías que solo buscaban el piropo fácil de sus dos acompañantes babeantes, que por supuesto decían que sí a todo con la esperanza de intercambiar más que palabras con ella, y su propia satisfacción. Aprecié sus temas de conversación, perdón por la confusión, su tema de conversación. Y por supuesto, aprecié en ella a la chica con la que nunca querría estar, a pesar de sus maravillosos tatuajes. En definitiva, alguien con mucho qué decir sin decir nada.

Hubo un momento en el que creí ver lo que estaba pasando, uno de los chicos creía tener posibilidades con ella. ¿Cómo lo deduje? Pues me quedó bastante claro cuando empezó a emular a su partenaire femenina y se quitó la camiseta para enseñar sus músculos. No lo hizo porque sí, la chica estuvo especialmente convincente para conseguir que lo hiciese. Solo tuvo que rozarse un par de veces y enseñarle un par de tatuajes -la verdad es que hacían buena pareja-. El otro chico miraba la escena con una sonrisa algo maliciosa, como si estuviese saboreando el momento. Y así era, llegó el momento de descubrir su as en la manga. Se levantó y dio un beso en la boca a la chica, por supuesto, ante la mirada atónita del musculitos. Este, con cara de pocos amigos, hizo ademán de irse, pero el supuesto novio de la chica le dijo que se quedase. Me imagino que el musculitos se sentía estafado y el novio no paraba de decir que él no le había mentido y que le consideraba un amigo -otra vez la cantinela de siempre, esa exaltación de la amistad en un día de borrachera-. En fin, que después de hacerle chantaje emocional, la parejita consiguió que el musculitos se quedara. Y cuando creía que ya no iba a haber más sorpresas, la pareja vuelve a darle la vuelta a la tortilla y le dicen que todo era broma, que no son pareja. Cualquier persona normal, o sobria, se habría ido, pero este chico debía ser boxeador, encajaba muy bien los golpes. Se quedó para ver como le volvían a decir que le consideraban un amigo y bla bla bla… La chica me vio mirando y se acercó. No es difícil saber lo que hizo, empezó a decirme que si lo que estaba mirando me gustaba, y su amigo -después novio y en esos momento amigo de nuevo- empezó a poner cara de pocos amigos. Me di cuenta que yo iba a ser el nuevo bufón para la parejita y decidí irme sin decir nada. Ya tenía bastantes problemas como para buscarme uno nuevo.

¿Qué le estaba pasando al mundo? ¿Tan aburrida es la vida que tenemos que hacer daño a los demás para sentirnos bien? Todo lo que me había pasado esa noche me hizo pensar. Decidí que no iba perder un segundo de mi vida en auto compadecerme. Quería hacer algo que me llenara y eso no pasaba por tener el mejor coche, la mejor casa, la mejor novia ni la mejor vida. John Lennon dijo: “La vida es lo que pasa mientras te empeñas en hacer otras cosas”, pues me iba a empeñar en vivir mi vida preocupándome de lo realmente importante y no ser una marioneta. Y si no lo consiguiese, por lo menos sería una marioneta pensadora.

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