Publicado en Fábula

Sueño de neón

Oí una respiración, ¿Qué hora sería? No estaba seguro, me encontraba en ese instante donde se confunde la realidad con los sueños, ese preciso momento en el que un “beatle” imaginó la melodía de “Yesterday”. Todavía no veía con claridad, la persiana estaba casi cerrada, pero podía distinguir una silueta junto a mí, era ella, seguía durmiendo, la abracé y sentí su calidez, su respiración, oí su voz llamándome con un leve susurro.

Iván

Su corazón latía a un ritmo pausado pero firme, Bom… Bom… Bom… me dejé llevar por su sonido, al cabo de unos segundos el sonido fue cambiando, se hacía más metálico, con eco. Pasó solo un instante hasta que la realidad invadió toda la estancia, el sonido desveló su origen, las gotas cayendo en el fregadero y lo que abrazaba no era su cuerpo. Estaba solo con mis sueños, la almohada y la luz del cartel luminoso que dejaba entrar la persiana.

Es curioso lo que pueden llegar a transmitir las luces de neón, para los demás pueden ser un reclamo, una publicidad subliminal que atrae, cual mosquito, al ingenuo cliente. El efecto en mí era el contrario, siempre me ha parecido decadente, me recordaba al Nueva York de los años 70´, la calle 42 iluminada por neones mostraba, con un simple paseo, el lado salvaje de la ciudad -¿verdad sr. Lou?-. También me viene a la mente una novela de John Kenedy Toole, La biblia de neón, muestra una sociedad americana en decadencia, con prejuicios raciales, culturales y sexuales.

Todavía no había amanecido, ya no podía dormir, ese cruel sueño me había dejado peor de lo que me encontraba. Decidí salir de la ciudad, escapar de esos dioses de neón y disfrutar del sonido del silencio. Conduje sin rumbo hasta que un recuerdo de la infancia hizo que me encaminase a un lago donde mi padre me llevaba cuando era pequeño.

Pero eso es otra historia.

Licencia de Creative Commons
Sueños de neón. by Daniel Rodríguez Lorenzo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://marionetaspensadoras.wordpress.com.

Publicado en Uncategorized

El increíble hombre, menguado y silencioso, en busca de una camiseta

Erase una vez, o dos, un hombrecillo triste, decaído, anodino, que iba a trabajar todos los días en silencio, tan en silencio que su tarjeta al fichar no se oía, tan anodino que su voz se apagaba antes de empezar. En el trabajo pasaba desapercibido, era una sombra más de la oficina, nadie sabía cómo era su vida, lo que pensaba, lo que anhelaba. Sus días pasaban consumiendo horas en su escritorio, con papeles, grapadoras que no funcionaban y el celo. Ese celo que ponía en todo lo que hacía, pero nadie conocía. Un perfeccionista nato, español nativo, europeo de adopción, que no se levantaba de su sitio sin haber acabado la tarea. Su mirada no se apartaba de la pantalla en 8 horas salvo para mirar a una persona, en realidad, más que a una persona, lo que miraba era su camiseta y el aura que le transmitía su compañero de trabajo con aquella vestimenta.

Pasaban las semanas y empezó a obsesionarse con esa camiseta, hasta tal punto que, extrañamente, vio cómo su compañero la llevaba puesta todos los días. ¿Lo haría para darle envidia?¿Había descubierto su obsesión por aquella camiseta y se la mostraba cada día para que viera su sueño inalcanzable? Nuestro hombrecillo pensaba que si poseyera esa prenda conseguiría también su aura y así no pasaría desapercibido en la oficina, y lo que es más importante, en su vida.

Un día salió pronto del trabajo, y recorrió la ciudad buscando su aura. La encontró en una tienda, esa camiseta deseada colgaba de un estante, paciente, esperando que unas manos la eligieran. La compró y al día siguiente fue con esa camiseta al trabajo, contento, con confianza, sentía un aura a su alrededor. Sus pasos sonaban, su tarjeta emitió un pitido al fichar y sentía a la gente observando sus movimientos. Se sentó en su cubículo, sintió la silla más ajustada que de costumbre, y vio pasar a su compañero. Una inquietud invadió su alma, no llevaba la misma camiseta, la había cambiado. En ese momento no sabía si los días anteriores había sido solo su imaginación la que le hizo ver esa camiseta. Sintió que su aura desaparecía y su asiento se agrandaba, sus pasos no se oían y su sombra desaparecía.

 

Licencia de Creative Commons
Su camiseta by Daniel Rodríguez Lorenzo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en www.marionetaspensadoras.wordpress.com.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en www.marionetaspensadoras.wordpress.com

Publicado en Uncategorized

Desventuras de un galleta en el Zenit

De un tiempo a esta parte me he pasado media vida en conciertos, la mayoría de Rock, reconozco que alguno de Pop, y en todos los casos me gusta disfrutar de la música. No soy de votar, bailar, darme codazos con la gente ni nada parecido. Por eso, cuando voy a un concierto me ubico en la “zona segura”, miro a mi alrededor y me cercioro de no estar cerca de ningún espécimen con tendencia al bailoteo desenfrenado. Si tengo que colocarme un poco más atrás, no tengo ningún problema, siempre y cuando pueda oír y ver el concierto con total comodidad. Siempre he conseguido mi propósito, como diría Hannibal: “Me encanta que los planes salgan bien”, pero hubo un concierto en el que mi ritual se fue al garete en la primera canción. Un verano, unos amigos y yo, cogimos una caravana y nos fuimos a ver a Limp  Bizkit a París, concretamente al Zenit. Podéis pensar que claro, ¿cómo no te van a empujar en un concierto de los “galletas flácidas”? Pues os informo que ya les había visto en dos ocasiones y el plan salió a la perfección. En París todo fue distinto.

Fiel a mis principios, busqué una situación que a simple vista se ajustaba a mis necesidades. Estaba a una distancia prudencial del escenario y me rodeaban un gran número de parejas, agarradas y enamoradas, esperando impacientes el inicio del show. Nada hacía sospechar que estaba en el sitio equivocado, a mi alrededor solo veía arrumacos y caricias, parecía más un concierto de Amaral que de Limp Bizkit. De repente escuché que comenzaba una intro y después una voz: “If only we can fly” , comenzaba la primera canción, “My Generation”, sonaba solo la batería con los aullidos de la masa todavía controlada, movimientos de cabeza, arriba y abajo, pero todo tranquilo, una calma tensa que explotó con el grito de nuestro amigo Fred: “My Ge- Ge- Generation”, una explosión dio paso a golpes y empujones, noté que dos manos me empujaban hacia adelante, mi cuerpo fue en esa dirección pero mi cabeza quería quedarse en el mismo sitio a causa de la inercia, estuvieron a punto de separarse. Miré hacia atrás, pensando que el empujón venía de algún energúmeno y cual fue mi sorpresa cuando ví que había sido una chica que hacía unos instantes estaba abrazando melosamente  su pareja. Ahora, esa misma chica, parecía la niña del exorcista, su cabeza parecía que quería separarse del cuerpo y, como ella, vi a todas esas parejas, antes enamoradas, ahora en éxtasis. Parecía que estaban descargando toda su ira contenida, si lo piensas es una buena terapia de pareja. De repente vi que el empujón me había llevaComo mola tío jujudo justo en medio de una multitud de cachas con el torso desnudo salpicando alcohol, sudor y lágrimas. Realmente las lágrimas eran mías, pensé que no iba a salir vivo de allí, pero todo lo demás era de ellos. Por suerte la canción tiene una parte tranquila,  Who gets the blame”, esa era mi señal, tenía que escapar antes de que dijese “do you think we can fly”, el tiempo que tenía eran los pocos compases que separaban esas dos frases, no quería echar a volar. Me alejé de esa marabunta jadeante haciendo el paso de moonwalker, o algo parecido, y fui a parar cerca de un grupo de chicas que no parecía que hubiesen hecho ejercicio físico recientemente, jadear no jadeaban, así que me quedé. Las debí asustar al mirarlas tan fijamente porque me miraron con cara de pocos amigos, parecía que me iban a decir “contigo no, bicho”,  me gustaría haberlas tranquilizado y explicarles que estaba buscando un lugar seguro, pero mi francés era parecido a mi japonés, nulo. Resultó que ese sitio fue al fin el correcto, pude disfrutar de la música, eso sí, salí de allí con multitud de moratones.

Fue una experiencia inquietante, pero pude vivir para contarlo, desde ese día ya solo voy a conciertos de Vestusta Morla e Iván Ferrerio. Es que cuando haces POP, ya no hay STOP.

Una pequeña muestra:

Y el vídeo original, que se escucha mejor

Licencia de Creative Commons
Desventuras de un galleta en el Zenit by Daniel Rodríguez Lorenzo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://marionetaspensadoras.wordpress.com.

Publicado en Uncategorized

Despertar

Con el pelo alborotado, los ojos medio cerrados y las mejillas marcadas por la sábana, me sonreías. En mi regazo te sentaste como si tal cosa, mirando al infinito, despertándote poco a poco, volviendo al mundo despacio, sin prisa, pensando en el siguiente movimiento. Comencé a acariciarte la espalda, esta dibujó una ligera curva que mostraba tu satisfacción, te volviste y me miraste a los ojos con una sonrisa que nunca olvidaré, dabas tu aprobación y a la vez me transmitías gratitud, y en ese preciso instante hiciste algo que no me esperaba, te dejaste caer contra mi pecho, me abrazaste y te quedaste inmóvil, invitándome a que continuase. En ese momento sentí algo que nunca había sentido, continué acariciándote, lo hubiese hecho de todos modos, y notaba tu paz, tu calma y tu amor. Normalmente, cuando te tenía en mis brazos me abrazabas para que no te bajase, digamos que era por interés, o por protección, o porque sencillamente no querías bajarte. Ayer fue la primera vez que me abrazaste con ternura, porque lo sentías, por devolverme el cariño que yo te estaba dando con esas caricias. Es increíble ver cómo todas las cosas que nos hacen humanos van apareciendo en tu comportamiento, aunque realmente la ternura, la gratitud, los sentimientos etc… también los podemos ver en otros animales. Creo que la forma de comunicarnos nos hace distintos, y eso es lo que cada día cambia, vas adaptándote a tu entorno, asimilando información, aprendiendo y copiando. En solo 11 meses has dado ya tus primeros pasos, tanto en casa como en la vida. Descubres un mundo distinto todos los días y te sumerges en él sin ningún miedo. Te caes en infinidad de ocasiones pero te levantas acompañando el esfuerzo con algún gruñido de protesta.

Me encantará estar contigo mientras descubres la vida, seguro que gracias a ti yo también lo haré. Verte crecer va a ser la aventura más alucinante jamás contada, filmada y fotografiada…  y si me apuras… cantada.

Licencia Creative Commons
Despertar por Daniel Rodríguez Lorenzo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Publicado en Uncategorized

Cacahuetes

El otro día estaba comiendo unos cacahuetes mientras veía la película Immortals y me puse a pensar -eso no dice nada bueno del film-, siempre cogía los cacahuetes completos, como si por estar así supiesen mejor, y los que sólo eran su mitad los comía cuando no tenía más remedio. Eso me recordó la historia de la media naranja, siempre, cuando estás soltero, te dicen que tienes que encontrar tu media naranja para, se supone, ser una naranja completa -como lo era naranjito-. Pero, ¿Por qué siempre tienen que decir eso? ¿Acaso cuando vas a trabajar eres media persona? -yo no lo diría muy alto porque, con los tiempos que corren, nos tomarían la palabra y, sin ningún tipo de vergüenza, nos pagarían la mitad del salario-. Deberíamos encontrar una naranja completa, al igual que hacemos con la bolsa de cacahuetes, cogemos el que está entero y el incompleto lo dejamos para el final.

Toda esta historia de la media naranja seguro que es invención de El Corte Inglés y Hollywood, como el día de San Valentín. Cuánto daño han hecho en este caso las películas románticas, tenéis que saber que los finales felices no existen, cuando tu novia te deja, porque cree que no eres su media naranja, y le organizas una sorpresa -la tuna cantando Clavelitos al pié de su balcón y tú con un ramo de flores esperando impaciente a que aparezca-, es seguro que te quedes con cara de tonto y empapado por el agua que ha caido inexplicáblemente desde el balcón, de ahí creo que viene la expresión: “la noticia le cayó como un jarro de agua fría”. Si no fuese así y la novia vuelve contigo, sin lugar a dudas ha cogido el cacahuete que quedaba al final de la bolsa.

Creo que todos somos ese cacahuete completo, pero en el momento en el que creemos que necesitamos nuestra otra mitad, nos convertimos en ese medio cacahuete del final de la bolsa que necesita que le completen. Ya somos completos, lo que necesitamos es ese cacahuete, naranja, langosta… que nos complemente.

Licencia Creative Commons    Cacahuetes por Daniel Rodríguez Lorenzo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Publicado en Uncategorized

Pagafantas

Al igual que el hombre, en el principio de los tiempos, inventó dioses para poder dar explicación a fenómenos que escapaban a su conocimiento, ahora hemos llamado Pagafantas a una nueva especie que es muy difícil de explicar.

Todo empezó una noche de verano, la nueva especie estaba a punto de eclosionar en un apartamento de Madrid.

El vídeo llegó por casualidad a mis manos hace algunos años, en él podíamos ver a una diosa griega en ropa interior y a un capullo -todavía sin eclosionar- con unos slip de abuelo que le quedaban grandes y como única herramienta llevaba una videocámara con la que plasmó todo el proceso -seguro que todos lo habéis visto-. Por supuesto, el chico no tenía ninguna posibilidad y solo estaba en aquel piso para entretener a la chica en una noche de borrachera. En ese momento, la nueva especie comenzó a reproducirse y llegó a todos los confines del mundo conocido.

Podríamos pensar que después de tanto tiempo el Pagafantas está en peligro de extinción, nada más lejos de la realidad, cada vez salen más especímenes, pero aunque no estén en peligro hay que cuidarlos, seguro que todos tenemos uno cerca y hemos visto como se arrojaba a los brazos de una chica con la que nunca se acostaría, descuidando a sus amigos porque la sangre no riega la parte del cuerpo correcta. Pero el principal motivo de este aumento es que ha mutado, ahora no solo aparece en el sexo masculino,los podemos ver en el femenino también, ya sea porque el hombre ha aprendido a tener una Pagafantas como mecanismo de defensa, o porque la mujer ahora disfruta plenamente de su sexualidad -algo que me parece perfecto-.

Pero no nos engañemos, todos hemos tenido slips como los de nuestro protagonista, todos desearíamos haber estado esa noche en ese apartamento, todos hemos tenido un Pagafantas para nuestra satisfacción y todos, todos, todos, tenemos un Pagafantas en nuestro interior.

Os pregunto, ¿Se puede dejar de ser Pagafantas?

Publicado en Uncategorized

El coche como medio de expresión

Es algo intrínsico en el ser humano el querer mostrar cómo somos con nuestras posesiones, ya sea con la casa, el móvil, la ropa… siempre lo retocamos todo para mostrarnos diferentes a los demás, exclusivos, es nuestra forma de comunicarnos con el mundo sin hablar, solo nos expresamos con lo que nos rodea y nuestro lenguaje no verbal. Quizás, el máximo exponente de esta forma de comunicación sea el coche.

Todos, en mayor o menor medida, nos expresamos con nuestro coche. Al principio, nada más aprobar el examen de conducir, utilizamos el coche de nuestros padres. Empezamos poniendo un muñeco por aquí y una pegatina por allá, para que tus amigos vean que empiezas a marcar tu territorio. Si eres chico quitas todos los muñecos y chuminadas que tiene el coche de tu madre, pones la funda en el volante y la pegatina de los Rolling Stones en la parte de atrás , si eres chica dejas los muñecos o, si es el coche del padre, añades unos cuantos para crear ambiente -los muñecos son un buen sustitutivo de las velas, ya que estas son un riesgo con el coche en marcha-, además de las pegatinas de margaritas al lado de la matrícula. Pero cuando realmente nos expresamos es con la compra de nuestro primer coche. Desde el momento en que lo elegimos dice algo de nosotros, el color, la forma, la marca, todos esos pequeños detalles que elegimos para decir al mundo “aquí estoy yo”. Algunos lo primero que hacen es poner en la parte trasera el toro de Osborne con la bandera de España, “¿por qué? Porque soy eggpañol“, aunque no creo que aparezcan ahora por Cataluña con el toro por razones obvias, hay que expresarse, pero con moderación. Todos recordaréis la famosa pegatina de la discoteca “Penélope”, todo joven de los 80 tenía que llevar una, aunque no hubiesen pisado esa discoteca. He de reconocer que hubo un tiempo en el que quise tener una de esas pegatinas. ¿Había estado en esa discoteca? No. ¿Sabía dónde estaba? No. ¿Tenía edad para entrar en discotecas? No, pero daba igual, si querías molar y ser “guay del paraguay” tenías que llevarla en tu Renault 5. Como todavía no podia conducir intenté que mi padre la pusiese en su coche, con la esperanza de que algún día lo conduciría… iluso.

Más tarde se inventó el “Tuning“, eso si que es expresarse y lo demás son tonterías. Cuanto más estrafalario y más llamativo mejor, es verdad que para gustos colores, pero ¿los tienen que utilizar todos? Además se inventaron eso de llevar equipos de música en el maletero, una forma más de expresarse con la música que escuchan, esto me parece bien, pero ¿es necesario utilizar los Watios de una discoteca? Es la evolución lógica del típico personajillo que iba por el barrio con su “4 latas” y la música altísima, escuchando a Kamela, con las ventanillas bajadas para que oigamos bien -que considerado-, ya sea invierno o verano le da lo mismo, no sé que tomarán para soportar las inclemencias del tiempo. Desde aquí realizo una petición a esa clase de gente: “Subid las ventanillas, no nos interesa la música que escucháis, Cuando zarpa el amor no es un hit y cuando el altavoz distorsiona es por algo”.  Esto me recuerda a los que van en el metro con la música del movil y sin cascos, estos son la cantera de aquellos, pero no voy a profundizar en este tema porque me irrita demasiado.

No quiero terminar sin comentar algo que me parece muy curioso, seguro que os habréis fijado cuando, esperando en un semáforo, se pone al lado vuestro un “todoterreno” enorme y al conductor casi ni se le ve. Es muy común ver a gente pequeña con coches enormes, no sé si será por algún complejo por el tamaño, pero hay algunos que solo ven la carretera a través del hueco del volante. Es verdad que también hay gente que no es pequeña y lleva coches grandes, para esta clase de gente tiene una teoría mi compañera Noemí, ella dice que el tamaño del coche es inversamente proporcional al tamaño de su… cerebro, dejémoslo ahí, no sé si mi compañera habrá tenido una mala experiencia con algún todoterreno, o con algún conductor de dicho vehículo. Hay muchos más ejemplos de cómo se expresa la gente con su coche, pero no me quiero extender más. Si se os ocurre alguna os invito a compartirlo, ya sea en facebook, twitter o aquí.

Hace unos cuantos miles de años, un filósofo llamado Protágoras decía que el hombre es la medida de todas las cosas, creo que se equivocaba, la medida de todas las cosas es su coche.

Licencia Creative Commons
El coche como medio de expresión por Daniel Rodríguez Lorenzo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.